El temor de un hombre sabio ha viajado al espacio

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Sí, como suena. Un ejemplar en tapa dura de The Wise Man’s Fear llegó a la estratosfera junto con una cámara de fotos y un teléfono que enviaba la señal GPS a intervalos de tiempo regulares, todo ello montado en un globo meteorológico. Fue la forma en la que tres amigos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (el famoso MIT) quisieron participar en el concurso fotográfico que organizó Patrick Rothfuss en su blog hace años, el mismo que con el tiempo daría lugar a la iniciativa Worldbuilders.

Antes de contaros la historia, aquí tenéis la foto de El temor de un hombre sabio en el espacio:

The Wise Man's Fear en el espacio

 
Todo esto ocurrió en 2011, cuando los teléfonos móviles no eran tan maravillosos como ahora, de modo que Jay, Kristyn y Mike (así se llaman los responsables de enviar la obra de Patrick al espacio) tuvieron que ingeniárselas con lo que tenían: una vieja cámara capaz de sacar una foto cada cinco segundos, un móvil capaz de enviar una señal GPS cada 30, el libro, un globo meteorológico y el permiso de la Administración de Aviación Federal, ya que iban a enviar un objeto a la estratosfera.

El globo ascendió unos 2,5 metros por segundo hasta alcanzar una altura máxima de alrededor de 23 kilómetros. Cuando volvió a descender, tuvieron que rastrearlo usando la señal GPS para recuperar las fotos, pero resultó que se había enganchado en un árbol y al bajarlo se corrompió buena parte de los datos. Aun así, las fotos que pudieron recuperar son espectaculares. En palabras de Patrick Rothfuss:

The Wise Man's Fear en las nubes

 
¿Veis cómo las nubes del cielo hacen el mismo efecto ondulado que el viento en las olas? ¿Veis que son las mismas curvas que se ven en la arena de la playa? ¿Sabéis qué es eso? Es el nombre del viento escrito con grandes letras por toda la superficie del mundo, amigos míos.

Obviamente, estas fotos se llevaron el gran premio del concurso. Patrick no pudo evitar regalarles a todos caramillos de oro y ejemplares firmados de sus libros, incluido uno «muy especial» para el dueño del ejemplar sacrificado en el experimento, y la promesa de invitarlos a cenar la próxima vez que pase por Boston. Y es que no es para menos.

(Tenéis más fotos en el blog de Patrick Rothfuss.)

 
 
 

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