Hechos interesantes (fragmento de “El temor de un hombre sabio”)

22 comentarios . Categorias: Blog · El temor de un hombre sabio

(Celebrando que queda menos de un mes para la salida de El temor de un hombre sabio, os ofrecemos en exclusiva unos pequeños adelantos del libro. En el primero, titulado «Hechos interesantes», Kvothe asiste a una clase de nominación impartida por el maestro Elodin.)

Portada de El temor de un hombre sabio


Hechos interesantes

Elodin entró con aire resuelto en el aula, con casi una hora de retraso. Llevaba manchas de hierba en la ropa, y hojas secas enredadas en el pelo. Sonreía.
       Ese día solo éramos seis alumnos esperándolo. Jarret no se había presentado a las dos últimas clases. Dados sus comentarios cáusticos antes de desaparecer, yo dudaba mucho que volviera.
       —¡Bueno! —gritó Elodin sin preámbulo—. ¡Contadme cosas!
       Esa era su nueva manera de hacernos perder el tiempo. Al comienzo de cada clase nos pedía que le contáramos un hecho interesante que él no hubiese oído nunca. Por descontado, Elodin era quien decidía qué era interesante, y si el primer hecho que presentabas no estaba a la altura, o si Elodin ya lo había oído, te pedía otro, y otro, hasta que por fin dabas con algo que le divertía.
       —¡Adelante! —exclamó apuntando a Brean.
       —Las arañas respiran bajo el agua —dijo ella de inmediato.
       —Bien —dijo Elodin asintiendo con la cabeza. Miró a Fenton.
       —Al sur de Vintas hay un río que fluye al revés —dijo Fenton—. Es un río de agua salada que discurre hacia el interior desde el mar de Centhe.
       —Eso ya lo sabía —dijo Elodin negando con la cabeza.
       Fenton miró un trozo de papel que tenía en la mano.
       —Una vez, el emperador Ventoran aprobó una ley…
       —Aburrido —lo atajó Elodin.
       —¿Si ingieres más de dos litros de agua salada vomitas? —preguntó Fenton.
       Elodin movió la boca mientras cavilaba, como si tratara de soltar un trozo de cartílago que se le hubiera quedado entre los dientes. Al final expresó su satisfacción con una cabezada.
       —Eso está bien. —Señaló a Uresh.
       —Se puede dividir el infinito un número infinito de veces, y las partes resultantes seguirán siendo infinitamente grandes —dijo Uresh con su extraño acento lenatti—. Pero si divides un número no infinito un número infinito de veces, las partes resultantes son no infinitamente pequeñas. Como son no infinitamente pequeñas, pero hay un número infinito de ellas, si las sumas, obtienes una suma infinita. De lo que se desprende que, de hecho, cualquier número es infinito.
       —¡Uau! —exclamó Elodin tras una larga pausa. Se puso muy serio y apuntó con un dedo al alumno de Lenatt—. Uresh. Tu próxima tarea es acostarte con una mujer. Si no sabes cómo hacerlo, ven a hablar conmigo después de clase. —Se volvió y miró a Inyssa.
       —Los yll nunca llegaron a desarrollar una lengua escrita.
       —No es cierto —la contradijo Elodin—. Utilizaban un sistema de nudos. —Hizo unos movimientos complejos con las manos, como si trenzara algo—. Y ya lo hacían mucho antes de que nosotros empezáramos a garabatear pictogramas en pieles de oveja.
       —Yo no he dicho que no tuvieran una lengua documentada —murmuró Inyssa—. He dicho una lengua escrita.
       Elodin consiguió transmitir su tremendo aburrimiento con un simple encogimiento de hombros. Inyssa frunció el entrecejo.
       —Está bien. En Esceria hay una raza de perro que pare por un pene vestigial.
       —Uau —dijo Elodin—. Vale. Muy bien. —Señaló a Fela.
       —Hace ochenta años, la Clínica descubrió la forma de eliminar las cataratas de los ojos —dijo Fela.
       —Ya lo sabía —replicó el maestro agitando una mano.
       —Déjeme acabar —dijo Fela—. Eso también significaba que podrían devolver la visión a personas que nunca habían podido ver. Esas personas que no se habían quedado ciegas, sino que habían nacido ciegas.
       Elodin ladeó la cabeza con gesto de curiosidad.
       —Cuando recuperaron la visión —continuó Fela— les mostraron objetos. Una esfera, un cubo y una pirámide colocados encima de una mesa. —Mientras hablaba, Fela iba trazando las formas con las manos—. Entonces los fisiólogos les preguntaron cuál de los tres objetos era redondo.
       Fela hizo una pausa teatral y fijó la vista en todos nosotros.
       —No sabían decirlo solo con mirar las figuras. Primero necesitaban tocarlas. Hasta que no tocaron la esfera no se dieron cuenta de que era la redonda.
       Elodin echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada, encantado.
       —¿En serio?
       Fela asintió.
       —¡El premio es para Fela! —gritó Elodin alzando los brazos. Luego se metió una mano en el bolsillo, sacó un objeto alargado de color marrón y se lo puso en las manos a Fela.
       Ella lo examinó con curiosidad. Era una vaina de algodoncillo.
       —Kvothe todavía no ha dicho nada —le recordó Brean almaestro.
       —No importa —dijo Elodin con brusquedad—. Kvothe siempre la caga con Hechos Interesantes.
       Fruncí el ceño dejando clara constancia de mi enfado.
       —Muy bien —concedió Elodin—. A ver qué tienes.
       —Los mercenarios adem tienen un arte secreto llamado Lethani —dije—. Es la clave de lo que los convierte en guerreros tan fieros.
       —¿En serio? —preguntó Elodin inclinando la cabeza hacia un lado—. ¿En qué consiste?
       —No lo sé —dije con ligereza, solo para fastidiarlo—. Como ya he dicho, es secreto.
       Elodin reflexionó un momento y negó con la cabeza.
       —No. Es interesante, pero no es un hecho. Viene a ser como decir que los prestamistas ceáldicos tienen un arte secreto llamado Financia que es lo que los convierte en tan fieros banqueros. No tiene consistencia. —Volvió a mirarme con expectación.
       Traté de pensar en otra cosa, pero no se me ocurrió nada. Tenía la cabeza llena de cuentos de hadas y líneas de investigación sobre los Chandrian que no conducían a ninguna parte.
       —¿Lo ves? —le dijo Elodin a Brean—. Siempre la caga.
       —No entiendo por qué perdemos el tiempo de esta manera —le solté.
       —¿Tienes algo mejor que hacer? —me preguntó.
       —¡Pues sí! —estallé—. ¡Tengo mil cosas más importantes que hacer! ¡Como aprender el nombre del viento!
       Elodin levantó un dedo en un intento de adoptar una pose de sabio y fracasó por culpa de las hojas que tenía en el pelo.
       —Los hechos pequeños nos llevan al gran conocimiento —recitó—. De igual modo, los nombres pequeños nos llevan a los grandes nombres.
       Dio una palmada y se frotó enérgicamente las manos.
       —¡Muy bien! ¡Fela! Abre tu premio para que podamos darle a Kvothe la lección que él tanto desea.
       Fela partió la reseca cáscara de la vaina de algodoncillo. El vilano blanco de las semillas flotantes se derramó en sus manos.
       El maestro nominador le hizo señas para que lo lanzara al aire.
       Fela lo lanzó, y todos nos quedamos mirando cómo la masa de vilano blanco ascendía hacia el alto techo del aula para luego caer lentamente hasta el suelo.
       —Maldita sea —dijo Elodin. Indignado, fue hasta el montón de semillas, las cogió y las agitó vigorosamente hasta que el aire quedó lleno de vilano de semillas de algodoncillo que flotaban suavemente.
       Entonces Elodin empezó a perseguir con frenesí las semillas por toda la sala, intentando apresarlas al vuelo. Se encaramó a las sillas, corrió por la tarima del aula y se subió de un salto a su mesa tratando de agarrarlas. Al principio lo hacía con una sola mano, como quien va a coger una pelota. Pero no tenía mucho éxito, así que empezó a dar manotazos, como si matara moscas. Como esa técnica tampoco le funcionaba, quiso atraparlas con ambas manos, como un niño que intenta cazar luciérnagas ahuecando las palmas.
       Pero no conseguía coger ni una pizca de vilano. Cuanto más lo perseguía, cuanto más frenético se ponía, cuanto más deprisa corría, menos atrapaba. La escena se prolongó durante un minuto. Dos minutos. Cinco minutos. Diez.
       Habría podido durar toda la hora de clase, pero al final tropezó con una silla y cayó de bruces en el suelo de piedra, desgarrándose la pernera de los pantalones y lastimándose una rodilla.
       Elodin se sentó en el suelo, sujetándose la pierna, y soltó una sarta de blasfemias furiosas como yo no había oído en toda mi vida. Gritaba, gruñía y escupía. Empleó como mínimo ocho idiomas, e incluso cuando yo no entendía lo que decía, el sonido de sus palabras hacía que se me encogiera el estómago y se me erizara el vello de los brazos. Dijo cosas que me hicieron sudar. Dijo cosas que me produjeron náuseas. Dijo cosas que yo ignoraba que fuera posible decir.
       Supongo que podría haber continuado, pero al inspirar, jadeando y con la boca abierta, aspiró una de las semillas flotantes de algodoncillo, se atragantó y empezó a toser con violencia.
       Al final escupió la semilla, recobró el aliento, se levantó y salió cojeando del aula sin decir una palabra más.
       Aquella no fue una de las clases más extrañas del maestro Elodin.

© 2011 Patrick Rothfuss.
© 2011 Random House Mondadori, S.A.
© 2011 Gemma Rovira, por la traducción.

 
 
 
 

Comentarios

  1. Arancha dijo el 05 octubre 2011 a las 19:32 h:

    Gracias por poner un trocito así se apaciguan las ganas de tener en nuestras manos ETDUHS! genial las conversaciones de Twitter!!

    • Maria dijo el 16 octubre 2011 a las 17:03 h:

      Realmente, no se apaciguan las ganas de leer… sino que se acentúan…
      Me quiero morir… xD

  2. Abian dijo el 05 octubre 2011 a las 21:48 h:

    Gracias por darnos ese adelanto de El Temor de un hombre sabio , ya queda menos para poder leer ese libro tan esperado, se me ha hecho tan larga la espera. Gracias a vuestra web la espera no ha sido tan exasperante. Asi que gracias por esta magnifica web .

  3. Re'lar Dnay dijo el 06 octubre 2011 a las 0:04 h:

    Contando los días para ir a la librería y comprarlo, ya tengo el plástico para no dudar en hacerlo el mismo día que salga en México. Gracias por este trocito que lo único que consiguió fue emocionarme más.

  4. Geo dijo el 06 octubre 2011 a las 13:32 h:

    Interesantísimo , me quedo con ganas de mas y se me va a hacer larga la espera

  5. angel dijo el 06 octubre 2011 a las 19:08 h:

    Extraordinario, ahora tengo más mono que antes. Gracias.

  6. Crixa dijo el 07 octubre 2011 a las 10:46 h:

    Gracias por el adelanto. Lamentablemente en Argentina vamos a tener que esperar un poco mas para su publicación!!!!!!!!

  7. vanessa gonzalo nuñez dijo el 07 octubre 2011 a las 12:13 h:

    me encanta, tengo tantas ganas de leermelo que ya empiezo a desesperarme. gracias por este avance tan interesante…

  8. Samuel López dijo el 07 octubre 2011 a las 23:02 h:

    El fragmento del libro me ha gustado y tengo muchas ganas de que llegue noviembre

  9. Uve GR dijo el 08 octubre 2011 a las 14:36 h:

    El trozo que habéis colgado es muy bueno la verdad que bastante cómico con Elodin, un “profesor” que sería interesante tenerlo XD. Bueno ya queda menos para poder leer la segunda parte de esta gran historia. Saludos!!!

  10. maryángeles dijo el 09 octubre 2011 a las 11:27 h:

    Muchas gracias por este adelanto que nos ofrecéis. Creo que todos llevábamos esperando este momento desde que Kvothe entró por la puerta de nuestras mentes. Gracias y saludos a todos y todas.

  11. Andry Milan Ferreiro dijo el 11 octubre 2011 a las 15:52 h:

    Es simplemente..perfecto

  12. Delia Gonzalez dijo el 14 octubre 2011 a las 1:05 h:

    Sin palabras… es más de lo que imagine al iniciar este fragmento…. Sin palabras…. Gracias..

  13. migue.nickelback dijo el 14 octubre 2011 a las 8:58 h:

    Muchas Gracias por este precioso adelanto del El temor de un hombre sabio, Elodin siempre acaba sorprendiendo con sus actos.

  14. Olguiis dijo el 14 octubre 2011 a las 21:17 h:

    Ahhh..! En definitiva Elodin esta trastornado… debo decir que es uno de los personajes que más interesante se me hacen.
    Ya no puedo esperar para tener ETDUHS…!!!
    Para México es la misma fecha?

  15. Lucian dijo el 21 octubre 2011 a las 6:06 h:

    Ahora no querre leer ese pedazo ¬¬

  16. Epido dijo el 22 octubre 2011 a las 11:35 h:

    “Que se acabe el mundo, que se pare el tiempo. Si quieres a Kvothe, solo grita su nombre”.

  17. juan dijo el 30 octubre 2011 a las 12:11 h:

    que descojone. Me he reido a carcajada linpia y creo que no me habia pasado con el primero. buena idea eso de los fragmentos

  18. Christopher dijo el 02 noviembre 2011 a las 5:26 h:

    9 de Noviembre en cualquier librería???, alguna en especial???
    Es injusto que llegue despues, jeje, ni modo, grande la espera.

  19. Xavi dijo el 18 noviembre 2011 a las 0:10 h:

    Me fascinó el nombre del viento..no sólo por lo que contaba (que es una de las mejores historias que he leído), si no, como lo contaba, la facilidad y la fuerza de las palabras hizo que anhelara la segunda parte.
    Ahora que por fin está en mis manos, ahora puedo decir que SEGUNDAS PARTES SIEMPRE FUERON BUENAS!.

 
 
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